lunes, 11 de agosto de 2008

Estándares de traducción

El mundo de la traducción no es ajeno al del resto de la informática. En teoría, un estándar de officio en documentación podría ser el OpenDocument usado por OpenOffice, o un contenedor XML cualquiera, o incluso un PDF, que ya tiene certificación ISO. Sin embargo, parafraseando a Damon Knight, un estándar es lo que digo yo (que para eso mando) que es un estándar. Así, si Microsoft utiliza por defecto el formato DOC en su suite ofimática, y todo el mundo usa MS Office, el estándar de facto es el DOC. Bueno, ahora el Open Office XML.
Algo parecido pasa con la traducción. El equivalente de Oasis es el cómite Oscar de LISA, que se encarga de preparar y promover estándares relacionados con la TAO (traducción asistida por ordenador). Así, tenemos el muy conocido estándar TMX para el intercambio de memorias de traducción, pero también otros para el intercambio de bases de datos terminológicas (TBX), reglas de segmentación (SRX) y otros. Oasis también se encarga de definir el formato de intercambio de datos de traducción, es decir, el archivo bilingüe sobre el que vamos a trabajar: el ignorado XLIFF.
Todo esto es muy bonito, pero la mayoría de profesionales que trabajan con herramientas TAO habrán oído hablar de TMX, como mucho. La mayoría sabe lo justo y necesario para trabajar con su herramienta favorita (o impuesta por el mercado). Si un traductor trabaja con Trados, entonces sabe que las TM están en formato Trados, los bilingües en formato TagEditor y los glosarios Multiterm... Bueno, la mayoría no sabe ni siquiera que Multiterm viene incluido gratis junto a Trados.
El problema es que al final manda quien más puede: los estándares de facto son los formatos con los que trabaja Trados de forma nativa. A pesar de todos sus males, Open Office XML es un formato "abierto" con el que cualquier software puede ser compatible si se lo propone. Sin embargo, los formatos nativos de Trados son privativos, es decir, son propiedad de Trados y sólo ellos saben cómo funcionan. Al final, cualquier software TAO que quiera tener presencia en el mercado debe desarrollar compatibilidad con tales formatos, pero no necesariamente con los estándares de officio.
¿Quién le hace el trabajo sucio a los desarrolladores de herramientas TAO? ¿Quién se encarga de obligar al pobre traductor autónomo a utilizar una herramienta en lugar de otra? Al cliente final, en general, le importa poco con qué herramientas trabajes, lo que le importa es que el producto salga bueno y barato. Son los departamentos de traducción y las LSP (agencias) quienes presionan para que se utilice un software y no otro. No con mala intención, sino que se pierde mucho tiempo de gestión si, en un trabajo dado, cada traductor utiliza su propia herramienta y entrega los archivos traducidos (no bilingües) y la memoria en formato TMX. El gestor a menudo necesita hacer controles de calidad y demás ritos arcanos para que las cosas salgan como tienen que salir, y las tiene que hacer en su software. Es más fácil que un traductor se amolde a cómo trabaja una agencia que que una agencia se amolde a cómo trabajan todos sus proveedores. De ahí que se tienda a una herramienta única para ahorrar costes. Como dicen los informáticos, "no es un fallo, es una función".