viernes, 22 de enero de 2010

Antes de la postedición, vino...

la preedición*, claro.

Leo en un blog no oficial de Google que los resultados de la traducción automática de Google mejoran "sorprendentemente" al cambiar una simple mayúscula. Bueno, más que cambiar, se corrige una frase que empieza con minúscula incorrectamente.

Se entiende por postedición el proceso y producto de que un un traductor humano corrija y apruebe la salida de un motor de traducción automática. Una postedición puede centrarse en trasmitir el mismo significado que el original, en presentar una frase correcta lingüísticamente o en respetar ambas coordenadas. El perfil de un posteditor suele ser distinto del de un traductor, y podría decirse que se acerca más al de un revisor. En muchos ámbitos, el objetivo de la postedición no es cambiar la frase meta por completo, para eso es preferible comenzar desde cero en lugar de aprovechar la potencia de un motor. El objetivo de la postedición es cambiar lo mínimo posible para que el resultado sea válido, sean cuales fueren las coordenadas de calidad. Posteriormente, las correcciones se alimentan al motor de traducción para que aprenda.

De igual manera, la preedición consiste en preparar una frase origen para que el motor la pueda procesar de forma óptima. Lo cierto es que esta práctica se ha conocido como "lenguaje controlado" desde hace ya unos cuantos añitos. Esta práctica sienta raíces en el inglés básico de Ogden, que quiere enseñar inglés en 850 palabras: es como el típico método de "aprenda inglés en 7 días". En el mundo de la traducción, el ejemplo más conocido de lenguaje controlado es el Caterpillar Technical English o CTE (enlace a PDF, muy interesante) que revolucionó la escritura técnica de documentación, concibiéndola desde el principio para ser traducida más que como obra de arte.

En el ejemplo que comentaba al principio, la preedición que se hace consiste simplemente en corregir la puntuación de una frase mal escrita. En el caso del lenguaje controlado, se limita la riqueza de una lengua (o de una jerga) evitando la ambigüedad de forma que se pueda automatizar su traducción, ya sea mediante traducción completamente automática o mediante traducción basada en ejemplos o EBMT, que últimamente se está vendiendo con el maravilloso término de marketing "aprovechamiento de subsegmentos".

La preedición de documentos, al igual que el CTE, no sólo mejora la salida del motor y reduce la necesidad de postedición, sino que también mejora la precisión y calidad del documento origen.

* Sí, acabo de inventarme un término del todo innecesario. Lo mismo hicieron con la postedición y nadie se queja.

miércoles, 20 de enero de 2010

diferencias culturales: quejas

Hace un par de meses tuve problemas con los autobuses irlandeses. La red de transporte irlandesa es famosa por sus retrasos y su falta de formalidad. En mi caso, tuve problemas con un autobús que llegó tarde y otro que no apareció tras casi una hora de espera. Al llegar a la estación, pedí la hoja de reclamaciones y el empleado intentó discutir conmigo intentando convencerme de que no tenía razón. Mal empezamos, el cliente siempre tiene la razón, incluso cuando no la tiene. Tras insistir yo en que no quería perder ni mi tiempo ni el suyo discutiendo para no llegar a buen puerto, me dio un formulario de "sugerencias". Tras preguntar a un amigo irlandés, me comentó que allí no existen las hojas de reclamaciones por ley porque nadie se molesta en quejarse formalmente. Yo le indiqué que en España era obligatorio que toda empresa (pública o privada) tuviera su hoja de reclamaciones y que aquí no teníamos miedo de quejarnos cuando hacía falta.

La semana pasada fui al INEM para hacer un par de preguntas. Llegué a las 7 para hacer cola, abrían a las 9 y salí de allí a las 11. Tuve suerte porque sólo iba a preguntar, no a tramitar papeles: en ese caso, probablemente habría salido de la 1 en adelante. El caso es que antes de irme pregunté dónde podía poner una queja para que ampliaran el personal, las instalaciones o pusieran más medios técnicos, lo que hiciera falta para atender la avalancha de "demanda" de los últimos tiempos. Como esperaba, las empleadas / funcionarias se alegraron de que alguien pusiera una queja formal y por escrito, porque quejarse de boquilla o al vecino no arregla nada. Me imaginaba que no seríamos muchos los quejicas, pero me sorprendí cuando las propias funcionarias no sabían de primeras qué procedimiento seguir para tramitar la queja: qué formulario usar, qué información rellenar, dónde poner el sellito de entrada, etc. Me imagino que hacía bastantes semanas / meses que nadie se molestaba en pedir una queja formal.

Salir de casa va muy bien para ver las cosas con perspectiva.